Desinformación: el término que debe sustituir a “fake news”

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Desinformación: el término que debe sustituir a “fake news”

Durante la última década, la difusión de bulos a través de internet se ha convertido en un fenómeno tristemente común. El correveidile virtual, en especial a través de plataformas como WhatsApp, ocurre con mucha más frecuencia e impunidad de la que somos conscientes. Sin embargo, muchas veces diferenciar términos genera confusión y hablamos de falsas noticias, o fake news, cuando ciertas comunicaciones ni siquiera son susceptibles de serlo. Bienvenido al mundo de la desinformación.

Con motivo de este fraude informativo, la Comisión Europea creó a principios de 2018 un Grupo de Expertos de Alto Nivel sobre noticias falsas y desinformación (en inglés, High Level Group on fake news and online desinformation o HLEG, por sus siglas), compuesto por 39 expertos en la materia, entre los que se encuentran representantes de la ciudadanía y de las plataformas de medios, diversas organizaciones de medios de comunicación, periodistas y miembros académicos. Este Grupo de Expertos de Alto Nivel tiene como función asesorar a la Comisión Europea sobre el alcance de estas informaciones, la definición de los roles, las responsabilidades de las partes interesadas, la dimensión internacional, el balance de las posiciones y recomendaciones varias para evitarlo.

Uno de los informes que llevó a cabo el HLEG ha sido una encuesta a ciudadanos de varios países europeos, entre ellos España, sobre si se han topado en alguna ocasión con un caso de fake news. Desde el 13 de noviembre de 2017 hasta el 23 de febrero de 2018, los encuestados tuvieron la oportunidad de reflejar, según su parecer, la situación y la efectividad de este fraude informativo. Tal y como afirman desde la página web de la Comisión Europea, “existe una percepción común entre todos los encuestados de que las noticias falsas, en general, pueden causar daños a la sociedad, en particular en áreas como asuntos políticos, inmigración, minorías y seguridad”. Sin ir más lejos, de 2015 a 2017 se lanzaron innumerables mensajes a través de WhatsApp en relación con los atentados terroristas y falsas alertas sobre posibles ataques en el Metro de Madrid, a raíz de los atentados acontecidos en París, Bruselas, Niza, Berlín, Manchester, Londres y Barcelona, por citar los más recientes.

Pero si hay algo de lo que informó el Grupo de Expertos a la Comisión Europea fue precisamente sobre el término fake news y sus implicacionesLa desinformación no sólo se encuentra en un titular, un subtítulo y un cuerpo de noticia incompletos o irreales, como aseguran desde Maldita.es. Lo que actualmente conocemos como bulo puede ser difundido a través de fotos, vídeos, memes, capturas e incluso audios, que ya no sólo pueden estar manipulados, sino que se consumen sin contextualizar y pueden dar lugar a la confusión de los receptores; una confusión generalmente intencionada por el que elabora la pieza inicial. Por ello, el Grupo de Expertos se ha pronunciado al respecto y aconseja utilizar el término “desinformación”, un concepto más generalizado que refleja a la perfección la finalidad de este tipo de mensajes: no informar.

 

La pluralidad de fuentes, vital para evitar la desinformación

 ¿Qué piensa el pueblo al respecto?

El Eurobarómetro ha reflejado la visión de hasta 26.000 ciudadanos de los países miembros de la Unión Europea entrevistados por teléfono durante el pasado febrero. El resultado versaba sobre su percepción acerca de las fake news y la confianza que suponen las diferentes fuentes de información para ellos. Así, las estadísticas son las siguientes:

  • Los medios de comunicación tradicionales son los más fiables para el público, con un 70% de los encuestados confiando en la radio, un 66% en la televisión y un 63% en los periódicos y las revistas impresas.
  • El 37% de los encuestados se topa con este fraude informativo todos o casi todos los días, y el 71% confía en que sabe identificarlo.
  • El 85% de los ciudadanos entrevistados percibe estas fuentes de desinformación como un problema en su país, y un 83% piensa que puede llegar a afectar a la democracia en general.
  • Según la visión de los encuestados, los responsables de frenar este fraude son los periodistas (45%), las autoridades nacionales (39%) y el resto de prensa y gestión de radiodifusión (36%).

Las datos ofrecen una imagen clara de cómo los ciudadanos perciben este fenómeno, pero la nueva sociedad tecnológica y sus herramientas van a seguir provocando más informaciones masivas, tanto para bien como para mal. El consejo que podemos dar los profesionales de la comunicación a la ciudadanía para evitar caer en la desinformaciónes que nunca confíen en el primer mensaje que lean, ya sea a través de las redes sociales o incluso de páginas con apariencia de medios de comunicación. La variedad de fuentes es esencial.

Frenar el fraude informativo es una tarea que compete a las autoridades y a los integrantes del sector de la comunicación, pero también se encuentra en manos de todos el poder de decidir en qué y en quién confiar. Siguiendo el patrón de la democracia, la pluralidad de fuentes puede servir para aumentar la protección frente a al fenómeno de la desinformación y evitar su propagación.

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