El ‘lobby’. Ojos, oídos y boca

La habilidad y la confianza
21 febrero, 2011
¿Podemos controlar lo que se dice de nuestra marca en Internet?
28 febrero, 2011

El ‘lobby’. Ojos, oídos y boca

Tribuna publicada hoy en el diario Negocio & Estilo de Vida.

“Mis ojos, mis oídos pero no mi boca”. Esta frase, pronunciada en una reunión de trabajo por el responsable de asuntos públicos de una multinacional, resume parte de la labor de los consultores en asuntos públicos. Marca una frontera entre el lobby del conseguidor y el lobby profesionalizado. Pero, ¿cuál es ese lobby profesionalizado?
Ese lobby profesionalizado no es un lobby de elites, sino que ahonda en la idea de sociedad civil. Los políticos impulsan iniciativas legislativas pero no son expertos en esas iniciativas.  Quienes inspiran y conocen la letra pequeña de las regulaciones son los sectores afectados por las mismas. Ellos pueden aportar  iniciativas, detectar riesgos, proponer alternativas y señalar el interés general de cada toma de decisión. Desde ese punto de vista, el lobby es un derecho –reconocido por el propio Parlamento Europeo- pero también un deber de responsabilidad de la sociedad civil.
Ese lobby profesionalizado no es un lobby de contactos. Facilita puntos de contacto, sí, recomienda interlocutores, pero no “vende” agenda sino que ayuda a construir relaciones basadas en un beneficio mutuo que tiene su base en el interés general.
Ese lobby profesionalizado no es un lobby jurídico. Hacen falta equipos multidisciplinares en los que, cada vez más, la comunicación lidere y coordine la estrategia. El enfoque jurídico, el económico, el antropológico, incluso, la diplomacia son imprescindibles pero, hoy, la “forma” es un valor diferencial. En la pugna entre percepción y razón, gana la primera; el mundo se interpreta desde yos subjetivos.
Si caminamos a la complejidad, necesitamos sencillez en la forma. Y si hay una excesiva especialización, necesitamos crear vínculos, encontrar aliados, reforzar nuestra estrategia en la de otros y crear contextos… Salir de la isla de la especialización y conectar con el interés general.
Ese lobby profesionalizado no es un lobby de despacho. Cada vez más, es un lobby de calle, de debates, de estudios y propuestas de valor, de redes sociales,…, de gobiernos abiertos. El cambio cultural, esta transformación que nos hace más emocionales, más visuales y menos textuales, más relacionales y menos reflexivos también afecta a este ámbito profesional y a sus códigos.
Tenemos que aterrizar y respirar calle. A nuestra sociedad y a los medios de comunicación, nuestro sector o la posición que defendemos en él, les puede provocar rechazo, apoyo o indiferencia. Y no se puede establecer una estrategia de lobby sin conocer cuál es la percepción social de partida o si nuestra inquietud conecta en algún punto con las inquietudes sociales del momento. Me sumo a la idea de que sabemos desde donde hablamos pero desconocemos, muchas veces, desde dónde nos escuchan. ¿Sumaríamos aliados o sumaríamos adversarios? ¿Haciendo ruido, ganaríamos? A ello se añade internet y las redes sociales, que no son un mundo aparte sino un complemento que ha arrasado con muchos presupuestos del pasado, que obliga a subir a su carro -sabiendo hacia donde-, que da mucha información temprana y ha revolucionado también los tiempos y procesos de decisión política.
Por eso, ser los “ojos” y los “oídos” de las compañías es una parte esencial del trabajo de los consultores de asuntos públicos y lobby. A ello se añade la adaptación de los mensajes y el discurso a lenguaje político, la definición de un mapa de públicos estratégicos, el establecimiento de la senda hacia el otro (con qué herramientas, qué canales), el seguimiento y la capacidad de respuesta ante imprevistos o el análisis de los tempos (cuanto antes mejor), entre otros. Pero la “boca” le pertenece a quien ostenta la representación de la compañía o la institución, que es la voz legítima y la conexión natural y transparente, la que evita recelos y pone a trabajar juntos a parlamentos, departamentos ministeriales, empresas e instituciones.

Compartir: