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2019 y la incertidumbre

Venimos de un 2018 que puede calificarse sin ninguna duda como un año excelente, en el que la economía vasca ha batido algunos récords como, por ejemplo, en el número de contrataciones indefinidas (más de 90.000) o en el de exportaciones: las empresas vascas vendemos a mercados exteriores el 33’3% de nuestro PIB, por encima de los 25.000 millones de euros. Es el mayor dato exportador de la serie histórica.

Son síntomas evidentes de una recuperación que, gracias a una mayor competitividad empresarial por la inversión realizada, está incidiendo en la creación de empleo de calidad, con aumento de salarios (en 2018 el doble que la inflación en los convenios firmados ese año), y con una traslación evidente a nuestro particular modelo vasco de bienestar social. Porque no hay que olvidar que son las empresas, mayoritariamente, las que con su actividad sostienen ese modelo social gracias a los puestos de trabajo que generan y a los impuestos que aportan.

Dicho lo cual, las previsiones que manejamos ahora mismo indican que este 2019 no será tan bueno como el anterior, …pero que seguirá siendo un buen año. Ya alertamos en diciembre pasado – cuando presentamos nuestro informe de coyuntura -que notaríamos una cierta desaceleración. Pero ya advertíamos entonces que, una cosa es un menor crecimiento y otra muy distinta una recesión, algo que a estas alturas del año seguimos sin atisbar.

Y eso a pesar de que las incertidumbres globales y locales aumentan. Nos encontramos inmersos en tres procesos electorales: uno, de ámbito estatal. Las elecciones generales celebradas a finales del pasado mes pueden abrir la puerta a una mayor inestabilidad institucional, sin mayorías claras. Algo que podría retrasar la toma de decisiones importantes para la economía española en su conjunto y que no benefician al clima empresarial y la inversión. En Euskadi, la estabilidad es, afortunadamente, mucho mayor, pero si se instala esa política de incertidumbre en Madrid, acabaremos viéndonos afectados.

El segundo proceso electoral es el de las elecciones municipales y forales – y autonómicas en algunas comunidades – apenas un mes después. Es más que posible que eso alargue aún más la formación de gobierno en Madrid a la espera de tejer las alianzas definitivas a nivel autonómico y municipal, con lo que conlleva de incertidumbre añadida.

Y por si fuera poco, también asistiremos por esas fechas a las elecciones para el parlamento europeo con todas las miradas puestas en el Reino Unido. El ‘Brexit’ está generando mucha ansiedad en las empresas europeas, que no saben a qué atenerse a medio plazo.

No hace falta recordar que Gran Bretaña es un mercado importante para Euskadi, y que de cómo se articule su salida – ordenada o no – dependerá también buena parte de nuestros resultados empresariales. Si a esto añadimos las incógnitas de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, el aumento del proteccionismo global o el auge de los populismos veremos que afrontamos un año con importantes retos por delante.

La ‘desaceleración’ ya es un hecho en algunos países europeos – Alemania e Italia por ejemplo – y las empresas vascas ya están prevenidas. Sin embargo, de momento al menos, no hay alarma generalizada ni mucho menos. Podríamos decir que, prudencia sí, …pero también que mantenemos nuestras previsiones e incluso con un moderado optimismo.

Es cierto que todas estas incertidumbres no contribuyen a serenar los ánimos y generar confianza, pero también hay que recordar que desde que estalló la crisis no hemos vivido un solo año sin sobresaltos importantes. Y que, a pesar de todo, hemos sabido salir adelante. Nada indica que este 2019 tenga por qué ser diferente. Sólo hace falta que los políticos hagan aquello para lo que son elegidos: favorecer el desarrollo económico y social, generar confianza y estabilidad.

 

Por Roberto Larrañaga, presidente de Confebask

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