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Consumir cuando podamos

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Admitamos una cruda realidad: somos víctimas de una pandemia que desgarrará durante demasiado tiempo la economía social y productiva. Admitamos también otra esperanzadora realidad: han bastado los primeros días de progresivas desescaladas para que se registre un repunte alcista de afiliados a la Seguridad Social por el regreso, escaso pero indicativo, de la actividad productiva. Introduzcamos, por tanto, un vector en este endiablado escenario al que nos debemos enfrentar durante los próximos meses, quizá años. Se trata de comprometernos a facilitar el consumo entre quienes así lo puedan hacer. Hacerlo indudablemente con un propósito finalista de dualidad, retomando la actividad entre el comprador y el vendedor, pero también generando un efecto psicológico que no deberíamos menospreciar en su alcance.

El factor consumo debe recuperar progresivamente el terreno perdido. Lógicamente lo hará en la medida de la capacidad de resistencia que el azote de esta catástrofe haya dejado en la sociedad española. Pero este regreso al mercado también lo deberíamos entender como una contribución necesaria a ese proceso de imprescindible reconstrucción económica al que estamos concernidos.

Es cierto que las angustiosas semanas del cierre obligado de transacciones comerciales ha supuesto desgarradoras consecuencias de una rehabilitación, cuando no destrucción, de largo recorrido. Incluso que algunos ritmos desacompasados en la tan anhelada desescalada han acrecentado el pesimismo y la angustia en unos sectores tan urgidos de este oxígeno que supone el consumo. Por eso, justo ahora que enfilamos un preventivo camino hacia esa nueva normalidad que todos deseamos, es el momento de apelar a la concienciación de que consuman quienes puedan.

Las primeras respuestas sobre este regreso al consumo tampoco proporcionan una radiografía precisa habida cuenta de las distintas fases a las que asistimos en la desescalada autonómica. Pero los indicios despuntan un prudente optimismo, que pudiera alcanzar una valoración más extensiva una vez que todo el comercio en general disponga de las mismas posibilidades de su apertura al público.

Ahora bien, en este regreso cargado de incertidumbres, temores y, por qué no, de ilusiones generadas, se ha inoculado la inevitable previsión sanitaria. Un nuevo ámbito al que adaptarse desde la concienciación compartida que no habrían de retraer al consumidor, al cliente. Nuevos usos que han venido para quedarse durante el tiempo que aconsejen las autoridades sanitarias y que deberían asociarse con absoluta normalidad.

Otro factor bien diferente es comprobar el impacto que en el sector del retail vaya a tener la venta online. Hasta qué punto se ha producido una reinterpretación de este tipo de interrelación consumista durante la experiencia vivida en los meses de confinamiento, que no ha resultado baladí en modo alguno. Hasta dónde van a llegar las cotas comerciales de esta relación digitalizada y cuál va a ser su impacto en los resultados de cada negocio. Cuáles van a ser las coordenadas a los que el consumo va a enfrentarse en la nueva realidad que afrontamos sin haber resuelto infinidad de dudas, sin haber siquiera recuperado el pulso de una mínima disponibilidad de capacidad del gasto personal y familiar.

Por supuesto que son incómodos interrogantes -y no los únicos- que planean sobre un ámbito desconocido por desfigurado. Pero no es menos cierto que existen respuestas que pueden mitigar ese clima de pesimista incertidumbre que nos rodea. Y, sobre todo, un elemento determinante: la capacidad de responder al reto de ir favoreciendo paulatinamente esta recuperación del consumo porque propiciará derivadas de efecto tan positivo como imprescindibles en este tortuoso camino por el que seguimos atravesando. Si se puede, hagámoslo posible en beneficio de todos.

Juan Mari Gastaca, socio y director de RRII y Asuntos Públicos en BeConfluence.

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