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Cuidar Madrid

Madrid

Madrid

No soplan buenos vientos sobre Madrid. Y eso es inquietante para el conjunto de España. Resulta innegable que la capital es la proyección internacional de cualquier país, y aquí especialmente. De ahí que la coyuntura sanitaria tan adversa a la que se asiste desde hace ya demasiados meses, y sin un desenlace favorable en el horizonte a corto plazo, extiende un halo de preocupación en los ámbitos ciudadanos, políticos, sociales y económicos de incontenible magnitud. Las imparables cifras sobre los índices de mortalidad y de contagio en la Comunidad madrileña vienen a complicarse malévolamente con una absurda pugna política entre su gobierno autonómico y el de la nación que resulta demasiado bochornoso y, sobre todo, de imposible justificación en medio de la pandemia a la que se asiste.

Hay que cuidar Madrid no solo desde la perspectiva preventiva y sanitaria, sino también de la imagen que se proyecta de su gestión. Desgraciadamente, hasta ahora mismo, quizá es muy difícil causar mayor destrozo por el torticero alcance de los miles de afectados por el virus, las deficiencias que vienen aflorando y la pelea irracional en el escenario político. Una fotografía de situación en absoluto edificable y con unas consecuencias difíciles de evaluar con precisión, pero sin duda provistas de un daño en muchos casos irreparable.

La primera oleada de la covid-19 castigó duramente a los madrileños con un balance de víctimas sobrecogedor. Al tiempo, la extensión social de este virus de fácil contagio castigó sin piedad las expectativas de centenares de negocios y el músculo económico de una Comunidad, y en especial de una capital, Madrid, cuando se encontraba por uno de sus momentos de mayor pujanza a nivel internacional. Sin tiempo siquiera para recuperarse mínimamente, este segundo golpe tan dramático y persistente contra la salud ha desbocado por completo la preocupación ciudadana por el futuro inmediato, pero también la rivalidad partidista hasta unos límites repudiables.

La triste estrategia del desgaste entre los gobiernos de España y de la Comunidad de Madrid ha alcanzado tales decibelios que se ha superpuesto a la magnitud de la tragedia sanitaria. La interminable sucesión de enfrentamientos entre ambas instituciones de diferente signo partidista viene orillando en demasiadas ocasiones el necesario análisis de la situación sanitaria, manifiestamente preocupante y mejorable. Esta absurda pelea mancilla el buen nombre de Madrid y no aporta rédito alguno a sus contendientes. Sirve, eso sí, para ensanchar las diferencias ideológicas en los niveles mediáticos, populares y sociales, sin aportar nada a la serena reflexión que contribuya a paliar los efectos tan perniciosos de este contagio que brota sin parar. Se han asistido a espectáculos nada edificantes en unos momentos emocionales comprometidos.

Sería imprescindible que una ‘autoritas’ ordenara detener esta sinrazón gubernamental a la que asistimos entre la perplejidad y la indignación. Es difícil, desde luego, pero no es imposible su intento por conseguirlo. Se trataría en definitiva que la apuesta conjunta por la adopción de aquellas medidas preventivas tan urgentes como idóneas se anteponga cabalmente a la estéril discusión del protagonismo político que sigue a borbotones. Solo así podrá adecuarse una imagen mucho más aleccionadora e imprescindible que aporte serenidad dentro del estado de incertidumbre en el que desalentadoramente nos movemos, donde ganar el futuro parece una entelequia por la inseguridad que nos aporta este presente tan descarnado. Y al hacerlo contribuiremos a cuidar como se merece el auténtico nombre de Madrid, en su apuesta dentro y fuera, porque en el intento y, en el resultado, todos nos jugamos mucho. Recuperar con un nuevo ritmo el pulso económico perdido y asegurarnos de verdad una sanidad con sus debidas prestaciones y apuestas decididas aparecen como el gran objetivo. Hagámoslo desde la unidad de acción.

Juan Mari Gastaca, socio y director de RRII y Asuntos Públicos en BeConfluence.

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