Diplomacia corporativa y status quo

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Diplomacia corporativa y status quo

“El mundo va a seguir creciendo”, decía esta mañana Emilio Ontiveros en la jornada que organizaba Computerworld sobre Cloud Computing: La evolución disruptiva. Es un alivio, si bien es cierto que ese crecimiento del que hablaba recaía en los países emergentes y para España,…, bueno, para España había muchos deberes por delante. Y no es que Ontiveros vaya de waterparty, como dice un amigo, sino que animaba a crecer desde la innovación, entendida esta como la presión sobre el statu quo. Igual contado así, en clave de rebeldía, termina convenciendo y nos animamos a ello, pero por el momento… ¿Qué tiene que ver esto con comunicación? Comunicación, la comunicación que sirve, la comunicación que impacta en el núcleo mismo del negocio (del crecimiento) muere de inanición cuando la estrategia y la gestión no es buena. Hartos estamos de bregar con problemas aparentemente de comunicación que encubren verdaderos problemas de gestión. Siguiendo con el ejemplo de España, si no hay una alternativa sólida al toro y a la pandereta, internacionalmente, tenemos muy difícil librarnos de los prejuicios. Y lo sufren nuestras empresas, que ven en la internacionalización su vía de escape y renacer pero que al hacerlo tienen que vencer un doble muro: el de la adaptación al nuevo mercado y el de la resistencia por los prejuicios hacia lo español.
En el problema de la marca España hay, por supuesto, un problema en cómo nos contamos (somos unos acomplejados) pero también hay un problema serio de qué y cómo lo estamos haciendo. Por eso, retomo una información que publicaba recientemente Expansión acerca de eso que se ha dado en llamar diplomacia corporativa. Sirva decir que:

  • Por cada consulado u oficina comercial abierta, la venta de bienes y  servicios a ese país crece entre un 6% y un 10%. (Ministerio de Industria dixit).
  • De la internacionalización dependen 6,5 millones de empleos (ICEX dixit).

Si el crecimiento estará focalizado en los países emergentes, en Asia solo tenemos localizado un 13% de nuestro servicio exterior y en Oriente Próximo un 8%. El problema no es de número –nuestro servicio exterior es potente- sino de reparto. También aquí tenemos que presionar nuestro statu quo y, al hacerlo, exigirnos lo mismo que esta mañana Jaime García Cantero pedía a las organizaciones de hoy (aceptamos España como organización). Utilizaba para el ello el símil de los cuatro magníficos: flexibilidad, transparencia, rapidez y robustez. Comunicar España, entonces, será más fácil.

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