Encaje de bolillos

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Encaje de bolillos

Somos o no las agencias de comunicación responsables de ser artífices de una transformación de actitud entre los ejecutivos con respecto a su involucración o no con la comunicación de sus organizaciones, en definitiva, convencerles en cómo nuestra labor puede ayudarles a ser más efectivos en su trabajo.

Se repite siempre que se trabaja con nuevos proyectos que conllevan un cambio para los directivos de una organización o incluso durante una crisis. Nos encontramos con mandos directivos que en un principio, a priori, no quieren participar en una política de comunicación, que no es obligada por la dirección, aunque si es recomendada o incluso insinuada con un tono que puede lindar con lo exigido. Y todo esto, se deja en manos de la responsabilidad de los que llevamos a cabo los planes de comunicación de las organizaciones a quienes se nos exige como parte de nuestro trabajo convencer a estos mandos de participar e involucrarse y poder de esta manera conseguir ambos, los objetivos de comunicación y los de negocio de los diferentes mandos ejecutivos.

¿Cómo lo llamo yo?: “encaje de bolillos”, donde la técnica consiste en entretejer hilos que inicialmente están enrollados en bobinas para manejarlos mejor. A medida que progresa el trabajo, el tejido se sujeta mediante alfileres clavados en base o determinado por un patrón. Sí está es la definición exacta con respecto a nuestro role al respecto. Las organizaciones no quieren, ni deben imperar, pero sí recurrir a los expertos para convencer a través del ingenio a sus directivos del ROI que pueden alcanzar si invierten su esfuerzo y su tiempo en una política de comunicación adecuada a cada uno de ellos. Como comenta en su artículo Louise Wadman, directora de comunicación de Lloyds TSB y Banco de Scotland,  incluido en el último número de la revista Communication Director es obvio que si el equipo ejecutivo de una organización no apoya en su totalidad al equipo de comunicación, es altamente improbable que una política de comunicación sea efectiva.

Por este motivo los ejecutivos tienden a caer dentro de una de estas categorías: el ejecutivo que entiende perfectamente el potencial de la comunicación y el valor de su contribución, le dedicará tiempo a ello y además lo hará muy bien. Y aquel que en un principio no le interesa la comunicación, le invierte un mínimo de tiempo, pero que tiene la sensibilidad suficiente como para saber identificar cuando se hace una buena estrategia de comunicación que le afecte directamente a su trabajo, y que por lo tanto cambie su actitud hacia una valoración altamente positiva y colaborativa. Ahí, es esto lo que hace que un experto de comunicación haya trabajado perfectamente construyendo un encaje de bolillos.

Por lo tanto nuestro trabajo no es solo desarrollar, planificar, o proponer estrategias de comunicación de las organizaciones, sino principalmente convencer a través de la flexibilidad y de la habilidad a los que incluyen en esa organización de cómo se pueden “beneficiar” ellos mismos, su equipo, su presupuesto y en definitiva la organización de nuestro trabajo en equipo. Debemos ser astutos y flexibles, y ser capaces de identificar las prioridades de cada uno de ellos, para de esta manera articular el patrón que les permita entender cómo podemos ayudarles. Pero sin ejecutivos comprometidos, la comunicación nunca alcanzará cambios de actitud o de comportamiento, y encontrarlos, identificarlos e incorporarlos a un proyecto, es solamente responsabilidad de las organizaciones.

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