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Los Sistemas de Salud después de la pandemia

pandemia

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Por Jon Darpón Sierra, vicepresidente de Operación y Gestión Sanitaria Keralty Health

En diciembre de 2019, se reporta en China un tipo nuevo de neumonía, las personas afectadas tenían como nexo común la vinculación con el mercado de Wuhan en la provincia de Hubei. El 3 de enero de 2020, las autoridades de China informaron a la OMS del brote ocasionado por un nuevo coronavirus, el SARS-CoV-2 o Covid-19.

El 21 de enero, Estados Unidos declara en Washington su primer caso, para el 18 de abril todos los países de América y el Caribe habían confirmado casos. En Europa, el 25 de enero Francia confirma el primer caso, pero es un mes más tarde, cuando el 21 de febrero Italia comunica el brote de mayor importancia. A partir del 17 de marzo, ningún país de Europa estaba libre del Covid-19.

El 11 de marzo, la OMS realiza la declaración global de pandemia, para entonces se habían registrado ya más de 118.000 casos, en 114 países diferentes.

A día de hoy, la pandemia ha afectado en los cinco continentes a más de 3 millones de personas, causando más de 225.000 fallecimientos. Un tercio de la población mundial se encuentra confinada con fuertes restricciones y se ha producido una drástica bajada de la actividad económica con una repercusión muy importante en el empleo y en la producción de bienes y servicios.

Sin duda es la pandemia más importante desde que en 1981 surgieran los primeros casos de SIDA. Aquella pandemia ocasionada también por una zoonosis debida al VIH y que ha afectado a más de 75 millones de personas.

La pandemia por el Covid-19 ha supuesto también una crisis sanitaria sin precedentes, la mayor desde que en la primera parte del siglo XX se articularán en Europa los sistemas nacionales de salud, tal como hoy los conocemos. Y sin duda va marcar un punto de inflexión para la organización y financiación de estos sistemas de salud en el futuro.

La pandemia ha incrementado la percepción de fragilidad de la salud y el bienestar de las personas, así como de la importancia de contar con sistemas de salud sólidos. Y traerá cambios y consecuencias de calado.

En el momento que la economía lo permita, se incrementará el gasto sanitario público y privado, como consecuencia de la mayor concienciación sobre la necesidad de tener una buena cobertura sanitaria. En la mayoría de países, se incrementará también la colaboración entre el sector público y el privado, compartiendo ambos sectores los sistemas de información con los datos de salud de las personas.

Los gobiernos darán mayor importancia a la salud pública, la vigilancia epidemiológica y los sistemas de alerta sanitarios, lo que se traducirá en departamentos más fuertes de salud pública y epidemiología en los propios gobiernos, en las universidades y en institutos específicos para su gestión.

Los profesionales sanitarios han ganado prestigio y reconocimiento, y probablemente mejorarán su valoración profesional, especialmente los profesionales de la medicina y la enfermería. En el caso de la enfermería, ganarán competencias y responsabilidades, lo que permitirá a los médicos aplicar sus conocimientos y destrezas con más pacientes y de una mayor complejidad.

Se valorarán mejores prácticas de vida, lo que se traducirá en hábitos más saludables, mayor autocuidado de la salud, nuevos calendarios de vacunación para la población infantil y adulta, mejoras en la participación en programas de prevención comunitarios sobre el cáncer y otras enfermedades y las revisiones de salud se harán más frecuentes, tanto en el ámbito laboral como en el personal.

Los sistemas de salud, para la atención ordinaria en la atención primaria y en los hospitales apostarán decididamente por la telemedicina, a través de plataformas tecnológicas, consultas telefónicas, videoconferencias, consultas vía web, chats sanitarios, sistemas de control clínico remotos, etc. como un medio práctico, seguro y bien aceptado por profesionales sanitarios y pacientes.

En lo referente a la atención a personas mayores y frágiles se potenciará la atención sanitaria a domicilio y será capital la integración o coordinación de los sistemas de salud y los servicios sociales, especialmente para el trabajo en las residencias de mayores, donde se exigirán mayores competencias a sus trabajadores y tendrán mayor apoyo de profesionales sanitarios.

En los hospitales ganarán espacio los servicios de urgencias y las unidades de cuidados intensivos e intermedios, que verán incrementada notablemente su capacidad y se diferenciarán funcionalmente los espacios, los profesionales y la tecnología dedicados a pacientes con enfermedades infecciosas transmisibles del resto de los pacientes. Los hospitales de nueva construcción dispondrán de espacios de reserva para garantizar una expansión de camas de hospitalización y de críticos ante catástrofes y brotes epidémicos, sin necesidad de interrumpir la atención sanitaria ordinaria. Esto conllevará también una reserva de tecnologías de soporte vital como monitores, respiradores, así como medicamentos y material sanitario, especialmente equipos de protección individual (EPI).

Sin duda, se está generando una mayor conciencia social respecto a la necesidad y utilidad de la investigación básica y clínica en salud, lo que traerá como consecuencia un incremento y mejoras en la investigación en biociencias, con mayor inversión y financiación de entidades, proyectos e investigadores.

La pandemia del SARS-CoV-2 o Covid-19, sin duda será uno de los grandes acontecimientos globales de la primera mitad del siglo XXI, al poner al descubierto la fragilidad de nuestros sistemas de salud.

Pero debemos sacar conclusiones, toda gran crisis supone un reto y una oportunidad. Una oportunidad para mejorar, diseñar y desplegar modelos de salud innovadores, disruptivos y flexibles, que respondan mejor a las necesidades actuales y futuras de las personas y puedan afrontar eventos catastróficos que inevitablemente ocurren de manera periódica.

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