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Luz para la industria

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Hay algo más que preocupación en los sectores productivos de la industria española por las adversas consecuencias económicas de la desbocada tarifa eléctrica. Los sonoros anuncios de Sidenor y de las plantas guipuzcoanas de Arcelor Mittal de parar su ritmo de producción diario son mucho más que un aldabonazo, que obliga a reconsiderar la crítica situación que empieza a tejerse por el desmesurado precio de la luz. A estos significativos zambombazos mediáticos, que reflejan el hartazgo acumulado en la industria electrointensiva por muchos otros motivos adversos, podrían sumarse, con toda una rehatíla de razones, otros sectores de la economía productiva de este país, temerosos por la estabilidad de sus negocios y obligados inexorablemente a un aumento de su producto final que nunca augura escenarios cómodos.

Cuando el PNV oficializó en el Congreso, mediante una comprometida pregunta al presidente Sánchez, la honda preocupación de los grandes fabricantes de la industria española pareció ponerse el reloj en marcha sobre la toma de conciencia de un serio problema de prolija solución. Paralizar la producción de una empresa es sinónimo de una anormalidad inquietante que cobija un hartazgo. Con este contundente gesto de preocupación, todo el ámbito parlamentario tiene los datos suficientes para sentirse concernido, muy por encima del debate ideológico sobre las cuotas de responsabilidad en la escalada imparable del precio de la luz.

Ahora mismo, y posiblemente durante varios meses más, seguiremos inmersos en un serio problema para la producción industrial, que le alejará peligrosamente de la puja competitiva en sus respectivos mercados porque acuden a ellos con una hiriente desventaja debido al aumento de sus costes. No es así la mejor manera de incentivar a la industria contaminante para que se incorpore al proceso de descarbonización que supone la transición energética, unánimemente aceptada por todos como inevitable y deseada. Pero estos sectores no pueden aguantar con semejante carga desmesurada del actual precio de la luz, incluso expuestos a incrementos fácilmente predecibles.

Es cierto que, desde el Gobierno, por parte de la Vicepresidencia de Transición Ecológica, se han empezado a idear medidas compensatorias que, sin embargo, parecen ser engendradas con un componente más ideológico que estructural, sin una afección favorable y directa en la industria. Pudiera pensarse que el conflicto del precio de la luz camina circunscrito a una pelea entre el Ejecutivo y los grupos energéticos españoles, cuando, en realidad, la afección es mucho más poliédrica.

No hay mucho tiempo que perder en la adopción de respuestas concretas y eficaces. Mucho más desde que se ha conocido el escaso interés de la Unión Europa por contribuir con medidas reparadoras y que tanta decepción han provocado en las autoridades españolas por ese cierto desdén que rezuman sus propuestas. Por todo ello, cuando España encara ilusionada y expectante la apuesta por su recuperación económica, es inasumible que el factor de la luz venga a cortocircuitar este clima de esperanza. Además del desconcertado ciudadano, esa industria generadora de riqueza se mantiene doliente a la espera de recibir las medidas paliativas suficientes para doblegar una adversa situación sobrevenida cuando ni siquiera se había recuperado del mazazo que les ha supuesto la pandemia. Sin duda, se trata de una auténtica cuestión de Estado, muy por encima de disquisiciones partidistas.

Juan Mari Gastaca, socio y director de RRII y Asuntos Públicos en BeConfluence.

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