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Se adelanta el otoño del virus

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Mientras Europa se buscaba a sí misma en unas atravesadas conversaciones de intereses estratégicos demasiado contrapuestos, rebrota la intranquilidad en España por el alcance del virus. Hay demasiados contagios después de haber alcanzado la última fase de la desescalada que parecía abrir la puerta a una progresiva recuperación de la nueva normalidad. Todo un fatal espejismo, que golpea la tranquilidad del ciudadano y asesta otro mazazo a una economía vacilante, a pesar de las ayudas directas del fondo de recuperación europeo aprobado por el Consejo.

Asistimos con indudable preocupación a una cascada de brotes de contagio de la Covid-19 en muy distintas zonas de nuestro país. Aquellos augurios de que situaban en el próximo otoño una más que probable aparición de una nueva pandemia se han adelantado fatalmente. En los primeros compases de un verano concebido como probeta de ensayo sobre el grado de recuperación del decisivo sector turístico, la aparición de demasiados focos de contagio arruina gran parte de las expectativas creadas. Ha bastado también la evidente imprudencia de las aventuras nocturnas de miles de jóvenes, ávidos de recuperar tantos días de libertad controlada en sus domicilios, para que empiecen a aflorar registros de virus con cifras realmente preocupantes. Ha bastado la recolección de algunos productos hortofrutícolas para que en determinadas zonas se detecten elevados índices de positivos de este virus, con el consiguiente rastro de contagio a otros territorios.

Las temibles previsiones del otoño se han adelantado. Supone un golpe anímico y económico de incalculable trascendencia. Al mismo tiempo, obliga a una inmediata reflexión sobre la respuesta sanitaria y política que las instituciones deben acometer sin mayor dilación. Un reto en el que ahora están directamente impelidas las comunidades autónomas, además, lógicamente, del propio Ministerio de Sanidad. No debería permitirse por más tiempo que la incertidumbre se siga apoderando de una gran parte de la población catalana por las inconexas medidas de la Generalitat, que siguen provocando una abierta división más allá de las diferencias propiamente partidistas. El temido fantasma de una transmisión comunitaria se acerca cada vez más por Cataluña en plena época estival y aún sin tiempo suficiente para una mínima rehabilitación de su economía, tan deteriorada en los últimos meses como la del resto de España y de Europa.

Ahora más que nunca urge cercar la expansión de este rebrote de la pandemia. Las posibilidades de que la interrelación ciudadana durante las próximas semanas de verano facilite el riesgo de nuevos contagios son tan reales como temidas. Aquellos vientos del turismo que se antojan favorables para despertar del pesimismo pueden ser un vendaval plagado de inquietudes sanitarias y de amargura económica para los miles de negocios y de puestos de trabajo que venían sustentando este sector. Para ello, los responsables de salud y las autoridades no cesan de implorar incesantes llamadas a la responsabilidad en nuestros hábitos sociales en la calle para contener esta amenaza tan letal. Sin embargo, algunas imágenes de algarabías y desenfrenos nocturnos representan una bofetada a la sensatez que alarga la intranquilidad sobre el desenlace de este pulso al virus sin muchas más armas que la mascarilla y el sentido común.

España no podría permitirse enlazar el final verano y el inicio del otoño con la Covid-19 segando las esperanzas de muchas vidas y de una recuperación económica que está pidiendo a gritos las mayores y urgentes medidas de salvación económica. Una pésima temporada turística y el mismo clima de incertidumbre sobre otros sectores productivos pueden ser letales y de ahí la imperiosa necesidad de una férrea y unánime concienciación sobre las medidas preventivas sin dilación alguna.

Juan Mari Gastaca, socio y director de RRII y Asuntos Públicos en BeConfluence.

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