¿Tenemos lo que nos merecemos?

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¿Tenemos lo que nos merecemos?

Los lamentables acontecimientos que ocurrieron en París el fin de semana pasado han vuelto a poner de manifiesto que algunos medios españoles hace mucho tiempo que perdieron su vocación de servicio público.

La noche del viernes me enteré primero por Twitter de la noticia y amplié la información a través de los digitales. Sin embargo, cuando quise tener algún dato más puse la televisión y me indignó constatar del todo algo que ya tenía bastante claro: la publicidad manda sobre todas las parrillas televisivas de España.

Por si hubiera sido poco el espectáculo de ver cómo Telecinco seguía con “Sálvame”, Antena 3 con “Tu Cara Me Suena” (increíble ese tweet, ya eliminado, en el que decían textualmente “Aunque nuestro pensamiento está en Francia, debemos continuar con la emisión de #TCMS9 #PrayForParís”) o TVE mantenía la película que había programado (aunque la cobertura que hicieron en el 24 Horas fue excepcional), el domingo La Razón y los servicios informativos de Antena 3 utilizaron una imagen retocada con Photoshop de un periodista canadiense como si fuera uno de los terroristas de París.

El remate vino ya el lunes, cuando Jota Abril, copresentador de “Las Mañanas” de TVE ilustró la noticia de los atentados con el logo de los Rebeldes de Star Wars, que confundió con el de Al Qaeda. Aunque el periodista ya ha pedido disculpas por el error, no deja de ser un síntoma más del estado crítico en que se encuentra la profesión en España.

Hace un par de días, una opinión que el periodista (y sin embargo amigo) Carlos Hergueta, responsable de Portaltic en Europa Press, publicó en redes sociales me hizo reflexionar al respecto del tremendo espectáculo que volvieron a ofrecer nuestros medios en un momento de crisis.

Jota Abril

El propio Hergueta decía:

“Una sociedad que ve de forma masiva reality-shows critica que las cadenas no cortasen sus emisiones para conectar con París; unos ciudadanos que SE NIEGAN a pagar por información critican la falta de rigor en redacciones diezmadas, plagadas de becarios y periodistas inexpertos que no cuentan con la supervisión de otros experimentados o correctores ortográficos; unos lectores que conceden las mayores audiencias a artículos sobre gatitos y perritos y a titulares de “esta historia de un mendigo te devolverá la fe en la humanidad” critican que no se diese igual cobertura a Beirut (que igual no la misma, pero sí se cubrió y he visto memes absolutamente falsos circulando para argumentar lo contrario) que a París.

Y se sigue pidiendo calidad y rigor en la información. Y se pide gratis. De verdad, no sabéis la ilusión y el trabajo que hay en la profesión periodística, el afán de sacrificio y de servicio público. Las horas que le echamos o lo estresante que es que tu trabajo esté constantemente auditado por Google Analytics y expuesto al juicio no solo de tus compañeros de empresa, de compañeros de empresas rivales y de tus jefes, sino de toda la sociedad. No sabéis las condiciones y el ritmo al que se trabaja. Y la presión que hay, mientras la sociedad, que NECESITA EL PERIODISMO, sigue negándose a pagar un euro para que siga vivo. Y mientras, por el camino, se ríe y humilla a la profesión, se sacan los colores, desde la comodidad del sofá, disfrutando de las animaladas que leen gratis. Y encima se instalan bloqueadores de anuncios para ahogarnos un poquito más”.

Y no le falta nada de razón. Por un lado la profesión, que no los periodistas en sí, se ha buscado todo lo que le está pasando; pero por otro, vivimos en un país donde seguimos pensando que todos tenemos derecho gratuito a casi cualquier cosa: cine, música, videojuegos y, por supuesto, información.

Con esto no quiero justificar actuaciones como las mencionadas más arriba, pero resulta difícil mantener el rigor cuando las redacciones se han formado a partir de recién licenciados ni siquiera mileuristas, a los que nadie se ha molestado en enseñar.

Montaje La Razón

Más allá de esto me pregunto ¿qué valor tiene hoy por hoy la información de calidad en España? ¿De verdad valoramos una cobertura en directo, y todos los gastos que conlleva, de acontecimientos como los de París? Las audiencias parecen indicar que no, que preferimos espectáculo, cotilleo y distracción. Por supuesto, ya ni hablamos si además hay que pagar por acceder a esa información…

Ante esto poco se puede hacer. Habrá que seguir apostando por la información de calidad, por el trabajo bien hecho y por el orgullo de profesión. Ya sabemos que a las empresas y a los grandes grupos editoriales les mueven otros intereses, y que la audiencia se decanta por otro tipo de contenidos. Con estas, la duda es: ¿Tenemos lo que nos merecemos?

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