Y tú, ¿de quién eres?

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Y tú, ¿de quién eres?

El número de personas que tienen presencia en nuestras vidas, de forma activa o pasiva (en el recuerdo), a lo largo de un día es enorme. Correos electrónicos, llamadas, citas…; compañeros, jefes, empleados, rivales, amigos, conocidos, familia,… Saber el lugar que ocupan cada uno de ellos en la vida de alguien, nos da muchas pistas sobre el tipo de persona que es; conocer el propio círculo de influencia dice mucho de qué tipo de personas somos.
En la relación con los otros quizá podríamos detectar tres principios básicos: equilibrio, coherencia y compromiso. ¿Se te ocurren más?
El desequilibrio suele ser mal consejero. Lo dicen los que se dedican a eso del coach y debe ser cierto. Demasiado mirar hacia dentro te deja sin perspectiva y sin capacidad de actuación, corto de miras y aislado de todo contacto con la realidad. Igual si el foco está, masivamente, en la carrera profesional o en lo social.
Luego está la coherencia:

  • “Mi familia es lo más importante”, dice una mayoría con vehemencia pero la realidad es que en la relación calidad-tiempo la familia sale perdiendo.
  • “Menganito es un mediocre, no me afectan sus opiniones” y actuamos siempre en referencia a ese otro, para quedar por encima, para demostrar que soy mejor,…, en función de menganito y no en función de nosotros y nuestras querencias.
  • “Me interesa mucho lo que dices”, mientras lees los correos en la Black Berry. 

Son situaciones cotidianas que todos protagonizamos o de las que somos testigo en algún momento. El compromiso ocupa un lugar relevante y se traduce en la continuidad de la relación. No solo acudo al otro cuando lo necesito; estoy y soy una realidad continua para él y él para mi. Las relaciones son continuas con picos de intensidad pero continuas.
En la empresa también ocurre,…, mucho, demasiado.  Y se evidencia, especialmente, en situaciones de crisis. Es el problema de organizaciones, compañías, asociaciones o instituciones, que no conocen bien el entorno en el que interactúan, lo hacen llevados por agendas personalistas o por la urgencia y la improvisación. Conocer el mapa de relaciones de una organización y actuar en consecuencia y de forma equilibrada es quizá uno de los ejercicios más estratégicos a los que una organización se puede enfrentar; lo que le puede ayudar en la definición de una estrategia de comunicación optimizada, con un impacto definitivo en el rumbo de la organización y con retorno claro de la inversión. Al final, se trata de saber con quién te relacionas (y cómo son) y con quién no (y deberías) y cómo. Quién te influye, quién decide en tu sector, quién depende de ti,…, y sobre qué asuntos.
A veces nos contrata un cliente para incrementar su visibilidad en los medios cuando, analizado su ecosistema, vemos que lo que necesita no es más intensidad (a veces mal traducido por más notas de prensa, más llamadas, más convocatorias…) sino una política de relación distinta a la tenida hasta entonces. Pero también ocurre que no deberían ser los medios el público objetivo prioritario de la compañía en ese momento, sino los consumidores, los órganos reguladores, la comunidad local en la que reside la organización o su visibilidad y proyección internacional. Cada organización – pequeña, mediana o grande-, y cada momento, exigen un tipo de relación y de acciones. Las posibilidades son múltiples, desde no hacer conscientemente nada a solo informar, consultar, colaborar en proyectos conjuntos o, incluso, delegar.
El perfil de una organización se mide por su ecosistema y por el lugar que ocupa en él.

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