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Yolanda Díaz, una esperanza

Yolanda Díaz

Yolanda Díaz

Foto: La Moncloa – Gobierno de España

Madrid es ahora, más que nunca, el epicentro del huracán política. Quizá nunca lo ha dejado de ser, pero ahora sopla con mucha más fuerza. La eclosión de un inesperado corolario de factores ha desestabilizado la lógica, es posible que también haya contribuido a prolongar la inestabilidad por la agria disputa partidista, y, sin duda, ha abierto de par en par las compuertas de la especulación electoral. Cuando más necesaria se antojaba la unidad de acción ante una crisis económica galopante y de consecuencias sociales demasiado hirientes, cuando el virus sigue imparable su efecto demoledor, el desencuentro y la rivalidad en las instituciones públicas se adueñan malévolamente del escenario.

Aquel primer efecto perturbador de la moción de censura en Murcia, que parece antojarse lejano en el tiempo a pesar de su cascada de consecuencias, hasta llegar a la sorprendente y ágil convocatoria de elecciones en la Comunidad de Madrid parecen haberse quedado sumergidos por una crisis sobrevenida en el Gobierno central. Pablo Iglesias ha volteado el movedizo tablero de la política española al convertirse en el candidato de Unidas Podemos que nadie quería ser a las autonómicas madrileñas. Una decisión de alto riesgo personal que propicia su sustitución inmediata como vicepresidente segundo de Pedro Sánchez.

Más allá de las lógicas derivadas que entraña la incursión de Iglesias en la batalla de Madrid, su sustitución por Yolanda Díaz en el Consejo de Ministros adquiere una dimensión nada baladí y mucho más que una mera cuestión de recurso formalista. La actual ministra de Trabajo y Economía Social dispone de un ganado reconocimiento por su trayectoria política y su demostrada capacidad de gestión, diálogo y entendimiento. No es una sustitución cualquiera. Llega a la vicepresidencia una figura política con voz propia, rodeada de una acogida mediática capaz de provocar la envidia de muchos a su alrededor, que ha cosechado la confianza de la patronal y de los sindicatos sin el desgaste de concesiones para la galería.

Díaz asume una nueva responsabilidad en un momento de especial relevancia para la economía española. Tiene marcado en el frontispicio de su compromiso público fomentar el acuerdo entre los agentes sociales en un contexto especialmente prolijo y delicado. Ahí le aguarda la próxima Mesa de Negociación sobre el acuerdo colectivo, donde la sombra de la reforma laboral no deja de revolotear entre posiciones, muchas veces demasiado enfrentadas. Pero su perfil va a aportar una confianza necesaria para acometer los compromisos empresariales y sociales consustanciales a los planes de recuperación económica de nuestro país. La nueva vicepresidenta disipará de inmediato las reticencias que provocaba su antecesor en el cargo y que ha entendido rápidamente que no había mejor candidato entre los suyos que Yolanda Díaz para encarar una responsabilidad tan cualificada y comprometida. Además, por si fuera poco, la todavía ministra ya tiene un cartel propio en los pasillos y órganos de decisión de la Unión Europea, donde ha demostrado moverse con intencionalidad para sus objetivos. Por tanto, será difícil encontrar reticencias iniciales a este ascenso que, de paso, otorga al presidente Sánchez una tranquilidad que últimamente venía echando en falta con la sucesión de polémicas estériles que tan solo desgastaban a quien las provocaba y a quienes las resistían. Ahora, en una imagen con ribetes catárticos después de la vivida en los 14 meses anteriores, empezarán a conocerse desde el cohesionado equipo de trabajo de Yolanda Díaz el planteamiento de propuestas de actuación estratégicas en un contexto socioeconómico que no superarán los límites del entendimiento de una acción concertada de Gobierno, aunque, eso sí, sin renegar tampoco de la voluntad inquebrantable de imprimir el acento propio de su perfil ideológico y sin olvidarse al hacerlo de añadir un marcado acento pragmático.

Juan Mari Gastaca, socio y director de RRII y Asuntos Públicos en BeConfluence.

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