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Los influyentes de la empresa,…, de la vida

Este fin de semana me desayunaba con un informe interesante acerca del papel de los rumores en las empresas.  El ‘rumor’ atrae al mismo tiempo que repele. No soportamos ser objeto de rumor, aunque caemos una y otra vez en sus trampas y, casi siempre, queremos más.
Los que nos dedicamos a la comunicación corporativa, casi siempre, luchamos contra los rumores que enmarañan la imagen tanto interna como externa de nuestros clientes y…, terminamos asumiendo que un nivel cero de rumor es imposible. ¿Qué podemos hacer entonces?
Podemos, desde luego, crear métodos que sirvan para detectar cualquier foco y atajarlo cuanto antes. Podemos crear protocolos de actuación que sirven para generar alertas tempranas y decidir anticipadamente quién hace qué y quién dice qué. Podemos, en definitiva, ayudar a dimensionar el problema, medir sus consecuencias, frenar o minimizar su impacto, contrarrestar la desinformación con información contrastable y de servicio público.
Pero el reportaje hablaba también de la dimensión útil del rumor. La credibilidad del rumor difiere según quien lo propaga. No es lo mismo un compañero que otro, como tampoco es lo mismo un medio de comunicación que otro. Todos causan interés; pero no todos convencen igual.  La fuente importa. Tanto que muchas compañías quieren conocer quiénes son los líderes de opinión de su organización, quién es ese al que todos escuchan y que logra influir, incluso, en los estados de ánimo. Si se conoce y se le convierte en fuente informativa la compañía tendrá mucho ganado.
¿Maquiavélico? Quizá. Es un juego antiguo. Conecta con el debate de los medios y los fines. Pero, al final, todos hacemos un uso doméstico de estas estrategias. Hay veces que necesitamos despistar o ganar tiempo y damos primero la buena noticia para atemperar la mala… Así somos. Lanzamos globos sondas, amenazamos sobre el vacío y muchos, incluso, nadan desnudos sin temor alguno hasta que…, 🙁 baja la marea.
Sea como sea, el rumor seguirá dando que hablar… y los de este lado seguiremos buscando sus embriones, sofisticando los métodos de alerta pero incapaces de erradicarlos.

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