Sobre manipulaciones y otras manipulaciones…

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Sobre manipulaciones y otras manipulaciones…

Hace unos días, una amiga compartía en Facebook un viejo conocido: las 10 estrategias de manipulación mediática de Noam Chomsky. Es una referencia en la que siempre me gusta recalar. Al margen de la opinión que cada uno pueda tener del autor, lo cierto es que este texto da muchas claves. Invito a que se lean, eso sí, desde la orientación técnica y no desde el yo-ciudadano. Tras cada una de ellas, los ejemplos acuden solos…

  1. La estrategia de la distracción
  2. Crear problemas y después ofrecer soluciones
  3. La estrategia de la gradualidad
  4. La estrategia del sacrificio futuro
  5. Infantilizar el discurso
  6. Utilizar lo emocional por encima de lo racional
  7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad
  8. Estimular la complacencia con la mediocridad
  9. Reforzar la autoculpabilidad
  10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos se conocen

No pretendo entrar en debates morales. La palabra “manipulación” activará en el lector un sentimiento de culpa más cercano a la víctima o al verdugo, dependiendo de su personalidad y posición. Pero, libre de prejuicios, cada una de las estrategias son formas de seducir, de convencer por todos conocidas, usadas o padecidas domésticamente. Veríamos con otros ojos estas tesis si el título fuera las 10 estrategias de la seducción u Obtén un ‘sí’ en 10 pasos o Decálogo para convencer y ganar, qué se yo. Eso tiene que ver con los “marcos” de los que Lakoff habla. Dice Manuel Castells en Comunicación y Poder que todos los procesos de construcción simbólica –y obtener un “sí” depende de ello- tienen una característica en común: “dependen en gran medida de los mensajes y marcos mentales creados, formateados y difundidos en las redes de comunicación multimedia. Aunque cada mente humana construye sus propios significados cuando interpreta los mensajes en sus propios términos, este procesamiento mental está condicionado por el entorno de la comunicación”.  Para los autores de Cómo nos venden la moto, la cosa se resume en: “…crear un slogan que no pueda recibir ninguna oposición, bien al contrario, que todo el mundo esté a favor. Nadie sabe lo que significa porque no significa nada, y su importancia decisiva estriba en que distrae la atención de la gente respecto de preguntas que sí significan algo…”. En la diana da Jeff Scott Cook. Si quieres un “sí” de tu audiencia vete al corazón de su necesidad y de su interés y propone un referente: la pirámide de Maslow.

 

Trabaja desde esa necesidad y no desde una inferior o desde una demasiada elevada para tu interlocutor. Por eso, supongo, muchos discursos en torno a la importancia de la comunicación, de la responsabilidad social corporativa, de un lobby profesionalizado,.., dan en hueso. La culpa es de quienes nos dedicamos a esto que no atinamos con la pirámide de necesidades. Y, curiosamente, su silencio es el sonido más fuerte.

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