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Comunicar en campaña

Comunidad de Madrid

Comunidad de Madrid

 

Madrid es mucho Madrid. Una obviedad que encierra la constatación de su efluvio de poder político y económico, pero mucho más cuando se está decidiendo su gobierno. En más de una ocasión -el fenómeno Filomena fue la última referencia expresa- el resto del país clama quejoso por la hiperproyección de la actualidad madrileña, incluso por accidental que fuera. Como si la comunicación estuviera abducida en su latido diario por el fenómeno que supone cada movimiento generado en la capital de España. Por eso ahora, cuando la Comunidad de Madrid se ha sumergido en la vorágine de unas elecciones autonómicas anticipadas, la dimensión informativa retumba sin cesar bajo cuidadas estratégicas. Las urnas del 4-M son para muchos el ensayo más válido de unas generales y de ahí que un factor tan determinante en nuestra sociedad como la comunicación se apodera del interés ciudadano.

Bien es cierto que estos comicios madrileños compiten en su trascendencia social con la inquietud prendida por los efectos económicos, sanitarios y asistenciales de la crisis de la Covid-19. Hasta pudiera afirmarse que en infinidad de familias el alcance dramático de esta pandemia desplaza el enardecido interés político por la pugna partidista a la que se asiste. Más aún, también es posible asegurar que los efectos de este insufrible contagio del virus se han inoculado desgraciadamente en los discursos cruzados de los principales candidatos para configurar un clima de desasosiego siempre perjudicial para la convivencia y la acción compartida.

Bien es cierto que se asiste a un interés multifocal en el contexto de cualquier campaña electoral. En Madrid, quizá se eleva su voltaje. La sutil tentativa de asociar un hito trascendente en el entorno de la Puerta del Sol en un factor de repercusión estatal eleva la presión por sí misma. Es ahí donde el elemento comunicativo exprime buena parte de su trascendencia porque amplifica su dimensión.

A pesar de la premura de la convocatoria de estas elecciones en Madrid, la comunicación es una asignatura aprobada para cada uno de los candidatos. Sin embargo, el entorno de politización permanente al que se asiste desde hace ya demasiado tiempo posibilita un terreno perfectamente abonado donde perfilar las tácticas más idóneas para calar sus mensajes y señuelos en el subconsciente del electorado. Y hacerlo con la reconocida diversidad de herramientas de que el mundo tecnológico dota a la sociedad de la información. Toda una amalgama de continentes para poner en valor el contenido más preciso, más hiriente, más próximo o mejor condesado para garantizar su repercusión inmediata.

Está comúnmente asumido que se asiste a un interés multifocal en el desarrollo de cualquier campaña electoral. En Madrid, quizá se eleva su voltaje. La sutil tentativa de asociar un hito trascendente en el entorno de la Puerta del Sol en un factor de repercusión estatal multiplica la presión por sí misma. Es ahí donde el elemento comunicativo exprime buena parte de su trascendencia porque los medios, sin distinción, se agolpan para amplificar la dimensión del hecho producido.

En una campaña sin grandes carteles, sin mítines y con pabellones cerrados, basta la mañanera declaración de un candidat@ para garantizar su inmediato eco informativo y rentabilizar su efecto durante el resto de la jornada en función del calado de su mensaje. Las redes sociales se encargan del trabajo para galvanizar convenientemente la pugna electoral. El efecto multiplicador que generan estos dispositivos acapara gran parte de la entregada dedicación de los equipos de apoyo a los respectivos líderes. Ya nadie esperará al periódico del día siguiente para escrutar cómo evoluciona la brecha más abierta que nunca entre la izquierda y la derecha. Para entonces ya se habrá triturado el análisis de la penúltima encuesta, de la enésima sacudida verbal entre unos y otros y de la ausencia de un debate sosegado. La comunicación habrá fluido por sus nuevos cauces.

Juan Mari Gastaca, socio y director de RRII y Asuntos Públicos en BeConfluence.

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