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El «boom» de los chips, un problema mundial

Chip

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Hace un tiempo, en el planeta comenzó un camino de no retorno por el que transitan las tecnologías y la digitalización a una velocidad imparable.

Lo que no sabíamos y lo que tampoco preveíamos eran los efectos secundarios que iban a causar en la sociedad, como, por ejemplo, el aumento del consumismo y la avaricia. 2020 supuso un punto de inflexión en este largo camino y, con la llegada del Covid-19, se manifestaron todos los problemas que venimos acumulando e ignorando.

A raíz de la pandemia la demanda de productos electrónicos aumentó generando así un gran terremoto en uno de los pilares de la industria mundial.

Desde 2018-2019 el sector de los semiconductores ya estaba bajo presión debido a la guerra comercial entre Estados Unidos y China. Posteriormente, en 2020, la demanda de chips se incrementó muy por encima de lo que la industria podía ofrecer, hoy en día la oferta supera a la demanda en un 30%.

La excepción al aumento de los aranceles impuestos a las importaciones de China acabó con la llegada del 2021, provocando una subida de precios importante que que ha afectado a la mayoría de los dispositivos tecnológicos.

Pero estos no son los únicos motivos, también se dan estrategias cuestionables, por ejemplo, la de una marca multinacional de tecnología móvil, que en su afán de crecer más que la competencia ha comprado a “granel” chips a los fabricantes y no según la demanda, provocando así que otras marcas tecnológicas tengan dificultades para lanzar sus productos.

Ahora que poco a poco la sociedad está volviendo a la “normalidad” con la llegada de las vacunas, podríamos pensar que el final a este problema de abastecimiento está llegando a su fin, pero quien lo piense se estará alejando de la realidad.

Según JP Morgan, se necesitarán al menos un año más para que la oferta alcance a la demanda, más medio año adicional para reponer los inventarios a los clientes y canales de distribución y así, volver a los niveles normales.

Por si la situación no fuese ya lo suficientemente laberíntica, y lo que nadie tiene en cuenta, es que ha entrado en el mercado de compraventa de criptomonedas una nueva divisa desarrollada por Bram Cohen, fundador de BitTorrent. Esta moneda es conocida como la criptomoneda «sostenible», debido a su bajo consumo con respecto a otras ya existentes.

Chia Coin, así se llama la criptodivisa, no se mina, se “cultiva”, debido a su desarrollo eficiente y respetuoso con el medioambiente, ya que el mecanismo de consenso para añadir transacciones a su cadena de bloques se basa en el espacio de almacenamiento de discos duros y no en cálculos que requieren energía. Con Chia, cuanto más espacio dediques al almacenamiento, más dinero ganas; y como la avaricia rompe el saco, incitó al mercado asiático, especialmente a los chinos, a comprar masivamente discos duros provocando un aumento de precios del 300%.

Teniendo en cuenta que se trata de un tema complejo en el que entran en juego varios factores (aranceles, alta demanda, escasez…), la situación no pinta nada bien, ni si quiera a medio plazo. El mercado de los chips está bajo presión y Europa se postula como un salvavidas de cara el futuro, donde espera producir el 20% de los semiconductores en el mundo para 2030.

Como dijo Zygmunt Bauman, sociólogo, filósofo y ensayista polaco-británico: “la cultura de la modernidad líquida ya no tiene un populacho que ilustrar y ennoblecer, sino clientes que seducir.»

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