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El valor del sector farmacéutico

sector farmacéutico

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Resulta altamente desalentador que la propagación de una cruel pandemia haya sido la triste excusa para que el sector farmacéutico encontrara el auténtico reconocimiento social a su aportación científica y sanitaria en favor de la salud ciudadana. Aunque a pesar de las innegables conquistas conseguidas en el campo de la incansable lucha contra la Covid-19, se sigue advirtiendo un pernicioso halo de escepticismo hacia el empeño profesional de las empresas farmacéuticas, es un hecho objetivo que la respuesta de sus laboratorios ha esparcido la esperanza de curación en la triste propagación de un virus por todos los rincones del mundo sin excepción.

No se puede olvidar que, en paralelo a la constatación de estos brotes contagiosos, se expandió con inusitada rapidez y notoria angustia una permanente apelación a la búsqueda de aquellos tratamientos lo más eficaces posibles para su erradicación. La vacuna se convirtió en una reclamación permanente como panacea vital. La oleada de víctimas mortales y de afectados ingresados hasta colapsar las dependencias sanitarias de muchos países incrementó esta desesperada invitación a las empresas farmacéuticas, que no dudaron en emprender una vertiginosa carrera en el arduo camino de la investigación. Los resultados conseguidos han superado todas las expectativas, incluso las más optimistas en cuanto a la fiabilidad de las vacunas y acotado tiempo empleado en su proceso de elaboración y consiguiente constatación médica y sanitaria.

Es verdad que el alborotado anuncio de estos hallazgos farmacéuticos, propiciando una dimensión económica y bursátil nada despreciable y poco edificante, no han venido precedidos de la formalidad rigurosa exigible en semejantes circunstancias. Pero esta carrera de difícil comprensión ética en algunos casos no debería oscurecer el impagable valor científico que supone la aportación a la sociedad de estos millones de dosis de vacunas contra el coronavirus, por encima de marcas y laboratorios de procedencia. Estamos ante una de las contribuciones de mayor calado social que han realizado las empresas farmacéuticas en los últimos años, sobre todo al conjugar el tiempo y su rendimiento.

A partir de ahora, y más que nunca, urge una estrecha colaboración entre las instituciones públicas y las empresas del sector farmacéutico por el indudable reto sanitario que se ha planteado. Ambas partes están concernidas a este trabajo compartido en la búsqueda de soluciones científicas -no solo las vacunas- que aporten un valor de seguridad a la población, desde donde debe comenzar la progresiva recuperación económica que ahora mismo tanto se ansía. No hay límites para este esfuerzo compartido porque se trata de una obra ingente habida cuenta de las perversas repercusiones de estos interminables contagios que rompen todo tipo de barreras. Pero ya han llegado las primeras soluciones.

Constatado el indudable éxito sin fronteras de estas aportaciones en beneficio de la salud en el mundo y por encima de cualquier salvedad de forma, quizá sea el momento de recordar la imperiosa necesidad que este sector farmacéutico tiene de evaluar su responsabilidad social corporativa. Con la misma objetividad que requiere el aplauso unánime a esta feliz y rápida disponibilidad de vacunas contra la Covid-19, no es menos cierto que muchas empresas farmacéuticas siguen teniendo una asignatura pendiente con su imagen en un amplio sector de la opinión pública.

Es muy posible que en su desarrollo empresarial se haya extendido un halo de supremacía mercantilista que en nada favorece la reputación del negocio farmacéutico, principalmente comprometido con la salud. Por ello, convendría que aprovecharan los vientos favorables de la actual coyuntura para resarcirse de posibles asignaturas pendientes. Sin duda, disponen de la mejor pista de aterrizaje para acometer esta reparación que les devolvería el justo reconocimiento del que se han hecho merecedoras.

Juan Mari Gastaca, socio y director de RRII y Asuntos Públicos en BeConfluence.

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