SEO
SEO, clave fundamental para optimizar un blog
7 octubre, 2020
impuestos
No toca impuestos
20 octubre, 2020

¿Fue el virus o fuiste tú?

Por José Luis Yzuel, presidente de Hostelería de España.

Los hosteleros llevamos muchas historias a nuestras espaldas y por eso conocemos bien la magia de los relatos. Estoy convencido de que esta tragedia que vivimos ahora se contará algún día en nuestros bares, si logramos que sobrevivan.

Detrás de nuestras barras llevamos años practicando una de las facultades que más enriquece al ser humano, pero que menos cultivan algunos de nuestros políticos; escuchar. A base de escuchar a nuestros clientes aprendimos a conocer sus gustos, a corregir nuestros errores y a colmar sus expectativas. Escuchando, y trabajando, convertimos nuestro sector en la envidia mundial. Supimos sumar al infinito patrimonio cultural de España y juntos atraer a 82 millones de personas cada año, empujando la economía de nuestro país y convirtiendo al turismo en el motor.  Llevamos contribuyendo décadas a la riqueza de España, generando miles de empleos y añadiendo miles de millones de euros al erario público, con toda clase de tributaciones. Nada que objetar, al contrario. Nos llena de orgullo haber conseguido contribuir a los mejores servicios de todos los españoles (como la sanidad o la educación) y además con una actividad que alimenta el alma de nuestro país, “vende” felicidad y representa como nadie la diversidad de sabores e identidades que tiene esta maravillosa tierra.

En este tiempo hemos comprobado como, pese a los esfuerzos suicidas de algunos políticos por socavar nuestra imagen -por infravalorar nuestro peso y potencial- gozamos de la confianza y del cariño de nuestros clientes. Con su actitud leal nos han recordado lo valiosos que somos. Ya quisiera cualquier político pagado de sí mismo provocar la misma simpatía y confianza que nos ofrece el bar de abajo o nuestro restaurante favorito. Somos valiosos, económica y sentimentalmente, aunque el gobierno parezca considerarnos prescindibles. Solo así se entiende su frialdad ante la agonía de nuestra muerte anunciada. Una desaparición por ahogamiento, a pesar de los épicos esfuerzos de nuestros empresarios por alcanzar tierra y salvar a su tripulación. Nos preguntamos, ¿cómo es posible rescatar a la banca o a ruinosas empresas públicas de dudosa eficacia, pero no a la hostelería? Tengo bastante claro qué escogería la gente si le diese a elegir entre salvar a la banca y salvar sus restaurantes y bares. A lo mejor hay que dejar el frío mármol del despacho y acercarse a la calle para experimentar qué sienten y qué quieren los españoles.

El gobierno nos ha demonizado. Nos ha situado en el centro de sus políticas en negativo, aplicando restricciones que no tienen la decencia de avalar con un solo dato técnico. No sabemos de dónde proceden sus decisiones ruinosas para la hostelería, pero lo que sí apoyan los números es la percepción de que España no lo está haciendo bien en su lucha contra la pandemia. Estadísticamente seguimos a la cola de Europa, pero empeñados en criminalizar a los mismos.

España necesita una hostelería fuerte y tractora. Es bueno para su salud económica y el empleo. Ponerse en mitad del huracán a sustituir los cimientos es un riesgo poco inteligente y destinado a fracasar. Salvar la hostelería pasa por impulsar un Plan de rescate que aplique medidas de verdad. Ni caridad, ni maquillaje; justicia. Una batería de acciones coordinadas hacia un escenario neutro que nos permita a los hosteleros trabajar y sacar adelante las empresas y las miles de familias que dependen de ellas. Nosotros sabemos cómo hacerlo, sólo necesitamos de una mínima voluntad política.

Volviendo al principio, cuando todo termine, lo que quedará es la historia. Esa que se cuente en la barra de un bar. Y como en todas las historias habrá buenos y malos, héroes y villanos. En la mano del Gobierno actual está escoger el rol que desea jugar. Sean cuerdos y salven la hostelería. Dejen para el papel de villano el de un virus que nos cambió la normalidad, pero que no pudo acabar con nuestra esencia, ni el amor por disfrutar de la vida. De eso, además de economía, va esta historia de la hostelería.

Compartir: