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La inclusión financiera, el camino hacia una recuperación sostenible

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Por Paloma Real, directora general de Mastercard España. 

La pandemia ha venido a reconfigurar la vida tal y como la conocíamos. Si bien ha traído algunos cambios positivos, como la aceleración de la digitalización y la disminución de la contaminación, también ha acentuado varios problemas. Por ejemplo, la desigualdad y la brecha social en el sistema financiero son algunos factores que esta crisis ha puesto de relieve y ha exacerbado. Y si queremos una recuperación sostenible, inclusiva y perdurable en el tiempo tenemos que poner estas cuestiones en el punto de mira para paliar sus estragos y crear un futuro mejor.  

La crisis del COVID-19 ha frenado- e incluso retrocedido- algunos de los avances que se habían logrado en la lucha contra la pobreza y la exclusión. Además, por la naturaleza del virus, las minorías y las personas desfavorecidas se han visto más afectadas. De hecho, según un estudio reciente de McKinsey, las empresas gestionadas por minorías– sean hispánicas, asiáticas o de raza negra- son dos o tres veces más propensas a verse afectadas por la crisis. Además, las mujeres emprendedoras, otro colectivo marginado históricamente, también se han visto impactadas de forma desproporcionada. Y es que, nuestro último Índice de Mujeres Emprendedoras refleja que nueve de cada diez propietarias de negocios alrededor del mundo (un 87%) se han visto afectadas de forma negativa por la crisis. 

Pero, más allá de los efectos de la pandemia, la exclusión financiera es un problema social subyacente que se remonta a mucho antes y que, como consecuencia, decanta en más pobreza. De acuerdo con datos del Banco Mundial, de las cerca de 7 mil millones de personas que actualmente hay en el mundo, casi 2 mil millones están sub-bancarizadas o no bancarizadas. Esto, a su vez, supone una serie de desventajas, ya que no pueden pedir créditos, seguros ni ahorrar y, por lo tanto, no tienen un respaldo en momentos de crisis.  

A su vez, esto se traduce en que la mayoría de estas personas no bancarizadas o sub-bancarizadas no tienen una identidad formal. Con lo cual, no pueden hacer cosas tan básicas como alquilar un coche, reservar una habitación en un hotel o comprar billetes de avión. Pero, aún más grave, son personas que muchas veces no existen en el sistema. Sus opiniones no cuentan, a menudo ni siquiera aparecen en los censos y, por lo tanto, no tienen ni voz ni voto en la sociedad. 

Aquí entra la tecnología en la ecuación, ya que la brecha digital es un factor fundamental en esta situación. Muchas personas- y, por lo tanto, pequeñas y microempresas- no pueden incorporarse al sistema financiero porque no tienen las herramientas para hacerlo, y, por esto mismo, el papel de empresas tecnológicas como Mastercard es crear soluciones que respondan a esta situación y se adapten a las necesidades de distintos colectivos. En Egipto, por ejemplo, desarrollamos un sistema de banca móvil que no precisa de smartphones, dado que pueden utilizar un teléfono antiguo y servirles de la misma manera. ¿Cómo? Lo que hicimos fue crear un sistema de códigos QR y, en el caso de que los móviles sin cámara, también disponemos de un código numérico que para hacer el registro manualmente. 

La brecha digital es un problema que no solo repercute en el ámbito financiero, sino que puede generar estragos mucho antes, desde la infancia. En el contexto actual, en el que las clases online tienen un rol importante y son un recurso imprescindible, una mala red o falta de acceso a la tecnología perjudica a las futuras generaciones, aumentando la brecha de la inclusión desde la educación. 

La última pieza del rompecabezas es que se trata de un problema demasiado grande, acumulado a lo largo de los años, para ser resuelto por un solo gobierno, país o banco. Y, aunque desde Mastercard intentemos poner soluciones a problemas concretos, este reto requiere de un esfuerzo colectivo y una sinergia de ideas, iniciativas y acciones de carácter público-privado para poder generar un cambio notable. Y es que la inclusión financiera va más allá del ámbito económico: se trata, no solo de tener acceso a los servicios financieros, sino de tener identidad y voz y ser incluido en tu comunidad. 

Desde Mastercard tenemos un compromiso con la inclusión financiera, para aportar nuestro granito de arena a esta causa. Empezó en 2015, cuando anunciamos que teníamos como meta llegar a 500 millones de personas previamente excluidas de los servicios financieros para el año 2020.  Una propuesta que se cumplió con éxito el año pasado. Ahora tenemos una nueva meta: en 2025 incorporaremos a mil millones de personas excluidas del sistema financiero, como parte de nuestro compromiso de diez años. Además, ofreceremos a 25 millones de mujeres emprendedoras soluciones que ayuden a que sus negocios crezcan.

Si queremos recuperarnos de una manera sostenible a largo plazo, debemos asegurarnos de que todos estén incluidos. Para ello, es fundamental integrar a las personas a la economía digital. Es mucho más que filantropía. Es una oportunidad para generar un impacto social.  Como empresa, tenemos un principio fundamental que es “Doing Well by Doing Good”, y quiere decir que no solo trabajamos en pos del negocio, sino que buscamos impactar a la sociedad de forma positiva a través de nuestros clientes, socios y colaboradores de forma que  contribuyamos  a un futuro más sostenible e inclusivo. Al fin y al cabo, somos agentes activos en la sociedad y debemos trabajar para conseguir los mayores beneficios para ésta. 

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