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‘Networking’: contacta, que algo queda

 

“Hacer contactos”… FundéuRAE recomienda “seguir utilizando esta conocida expresión española, en lugar del término inglés networking, para referirse al proceso de conocer o establecer vínculos con otras personas, especialmente con fines profesionales o comerciales”. Y continúa: “Debido al éxito de las redes sociales y las nuevas formas de publicidad, comunicación e intercambio profesional que se producen en la web 2.0, se están introduciendo términos ingleses con mucha frecuencia que, sin embargo, responden a conceptos que ya existían antes de la creación de internet. Este, como otros, es un caso de un concepto sencillamente actualizado o adaptado a otros medios, pero no nuevo, por lo que, en principio, no es necesario renominarlo”.

 

Esta declaración de intenciones ha tenido que claudicar ante el uso generalizado de networking, la esencia del “lo importante es tener contactos” de toda la vida, en tiempos en los que las tarjetas de visita sobreviven como pueden en un entorno tecnológico, online. Una actividad que ha suscitado el interés de todo tipo de autores, como en el caso del popular Cipri Quintas con ‘El libro del Networking. Las 15 claves para relacionarte socialmente con éxito’ (Ed. Alienta, 2017). Muchas de estas claves se relacionan directamente con el ámbito personal más que con el profesional (ámbitos, en todo caso, unidos), pero todas coinciden en perfeccionar nuestras dotes de conexión, en línea con una de las principales referencias de Quintas en su libro, el clásico ‘Cómo ganar amigos e influir sobre las personas’, de Dale Carnegie, publicado en 1936.

 

En pleno siglo XXI, plataformas como LinkedIn (1.000 millones de usuarios previstos en 2025) han dado una nueva vuelta de tuerca al desempeño en las redes de marketing o de negocio, en línea, a su manera, con teorías como la de los ‘seis grados de separación’, por la que cualquiera podemos estar conectados con otra persona del planeta a través de, solo, cinco intermediarios. El networking no llega a tanto, pero sí a facilitarnos contactos (en muchos casos, inimaginables, no esperados) gracias a la intermediación de la tecnología. Y en este caso, la proactividad es fundamental, tanto para pensar posibles contactos de interés como para mantener actualizada -y comunicada- nuestra actividad.

En este entorno, la ‘marca de empresa’ y la ‘marca personal’ se deben visibilizar en todo tipo de foros, desde el encuentro en un evento profesional o en espacios de coworking a los contactos vía redes sociales (la misma tecnología que nos llega a aislar del mundo nos puede conectar más y mejor), en el que la clave es mostrar (y recordar) lo que somos capaces de hacer. Un must complicado de realizar, entre tanto ‘ruido’ de mensajes y compromisos y en el que se deben tener en cuenta pautas como las siguientes:

    • Responder, en lo posible, mensajes que, a priori, no tengan interés.
    • Participar en las comunicaciones de diversos grupos relacionados con nuestra actividad.
    • Repetir propuestas puntualmente sin ser invasivos ni insistentes (ser constante antes que ser cansino).
    • Una presencia activa en LinkedIn significa potenciales referencias o felicitaciones por el trabajo realizado, la mejor tarjeta de visita.
    • Y, siempre, hay que tener en cuenta el ‘factor humano’, el contacto en primera persona.

 

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