Lani Arredondo imparte seminarios sobre competencias y habilidades prácticas para mejorar el rendimiento en el trabajo, con reconocimiento a su trabajo en publicaciones como ‘Success’ (fundada en 1897 y enfocada en el crecimiento personal y profesional) y ‘Wall Street Journal’. En ‘Comunicar eficazmente’ propone una (asequible) guía de 24 pasos de “estrategias sensatas y prácticas”, con ideas, sugerencias, listados, etc., para hacer más amena y práctica la lectura, en un ordenado ejemplo de ‘common sense’.
La comunicación eficaz empieza por entender al receptor
En este contexto, aplicable tanto al trabajo con un cliente como al del propio equipo, Arredondo incide en la relevancia de tener en cuenta al emisor y al receptor, base de bases de la comunicación, pero también al perceptor (“las percepciones son cruciales en todo tipo de comunicación”), por lo que es muy sano comenzar el contacto analizando la perspectiva de quienes serán nuestros receptores. A la hora de expresarse oralmente, se recomienda optar por la moderación sin incurrir en la monotonía y cuando toque contacto visual, Arredondo incluye una serie de consejos de ‘lenguaje corporal’.
Otro de los consejos a tener en cuenta es el de no reaccionar ante comportamientos extremos (“tómese un respiro para dejar que las emociones amainen”), así como el de afrontar la relación comunicativa con los ‘diseñadores’ (los más preocupados por la exactitud, por los detalles) y la irrenunciable necesidad de no perder de vista el ‘preguntar, observar, escuchar’.
Correcciones, reuniones y e-mails: claves del día a día profesional
En el caso de la necesidad de corregir a alguien del equipo, Arredondo vuelve a afianzarse en el sentido común para recomendar que cualquier corrección se debe hacer inmediatamente, pero en privado (“nuca corrija a nadie delante de otras personas”), con empleo de señales rápidas y simples, con sensibilidad ante los estados de ánimo, etc. Y señala otros aspectos esenciales (y de recomendable gestión eficiente) como las reuniones (recordando los papeles de ‘líder’, ‘moderador’, ‘cronometrador’ y ‘registrador’), las presentaciones (designando puntos principales, creando transiciones eficaces, diseñando el resumen y cierre, etc.) y la gestión de los e-mails (por ejemplo, “léalo, en voz alta. ¿Ha comunicado de forma suficientemente efectiva para conseguir la reacción que desea del destinatario?…).