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Los fondos europeos bien entendidos

fondos europeos

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En el enfangado clima político español resulta extremadamente difícil, por no decir imposible, encontrar ahora mismo una opinión compartida. No obstante, los magnánimos fondos europeos concedidos a España son la virtuosa excepción a la permanente confrontación entre los principales partidos políticos. La extraordinaria ayuda de 140.000 millones de euros desde la Unión Europea (UE) dentro de un plan plurianual hasta 2027 para encarar las dentelladas sociales y económicas de la pandemia de la covid-19 no admite otro reconocimiento que la honda satisfacción.

Es cierto que nos dispararíamos un tiro al pie si entendiéramos esta ayuda, bien considerada como el Plan Marshall del siglo XXI, como una concesión a fondo perdido sin otra derivada que responder a las necesidades que la nueva realidad y la apuesta por el futuro que nos aguarda. Cabe reconocer que existe una dotación financiera de hasta 72.700 millones de ayudas directas, pero el auténtico reto que se plantea es hacernos merecedores con nuestros proyectos e iniciativas de la cantidad restante. Europa nos quiere ayudar y nos va a ayudar, aunque no gratis.

Estamos ante la ocasión apremiante de entender adecuadamente esta oportunidad que se nos presenta. Hagamos tabla tasa de aquellos planteamientos surgidos con motivo de los denominados fondos Feder. Encaramos una nueva realidad, mucho más dramática. La crisis económica eleva la exigencia de los sectores público y privados. Vamos a quedar retratados al final de este proceso que debemos iniciar de inmediato. De nuestra capacidad de respuesta de luces largas dependerá gran parte de la estabilidad social y económica para esta y la siguiente generación probablemente.

Unos fondos extraordinarios para una situación extraordinaria. Nos equivocaríamos reduciendo su tipología a las ayudas comunitarias que venimos conociendo. Esta dispensación económica va a requerir de una apuesta comprometida en beneficio de nuestra industria, de nuestro empleo, de nuestro bienestar, de nuestra ciudadanía en general. Serán unos fondos que pondrán a prueba la magnitud de nuestra apuesta porque van a ser exigentes. Nos lo tenemos que ganar. Hay que demostrar a las instituciones de la UE de que queremos dar vuelta a la adversa situación que tantos nos debilita y desazona. Que hay ideas y una clara vocación de adaptarnos a las nuevas exigencias de un entorno cambiante. Que sepamos convertir en oportunidad esta crisis que nos está acechando y que seguramente lo seguirá haciendo durante bastante tiempo más.

La digitalización y la economía verde serán dos vectores sobre los que articular las diversas apuestas que vayamos presentando en Europa para hacernos dignos de esos fondos europeos que nos aguardan hasta 2027. España ya venía dando muestras con anterioridad a la tragedia del coronavirus de que sabía cómo encarar positivamente los desafíos de la digitalización y de la lucha contra el cambio climático. Estamos tecnológicamente preparados para iniciar este camino con suficientes garantías de éxito como se ha venido demostrando. No debemos cejar en el empeño. Al contrario, elevemos el compromiso.

Desde el Gobierno ya se han empezado a dar los primeros pasos para crear este clima de concienciación. Los contactos con empresas y sectores de referencia han abierto la senda de esta colaboración que deberá seguir presidiendo la redacción de los documentados proyectos que aspiran a tan importantes fondos europeos. El camino para esta recuperación económica ya está trazado desde la UE. Van a ser meses muy intensos porque desde la Comisión Europea, primero, y el Consejo comunitario después se irán evaluando los planes que cada país presenta para aspirar al apoyo financiero. Por lo tanto, no hay tiempo que perder en la imprescindible adecuación entre propuestas, objetivos y viabilidad. Quienes no lo entiendan debidamente perderán una ocasión que no volverá a repetirse. Además, una repercusión negativa de esta dejación golpearía las expectativas de rehabilitación del país, sencillamente porque lo empobrecerá hasta límites inquietantes. Sería imperdonable.

Juan Mari Gastaca, socio y director de RRII y Asuntos Públicos en BeConfluence.

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